Andalucía: el giro político de las elecciones …

Etiquetas

, , , , , ,

Espacioindependiente nº 284, jueves 6 de diciembre, 2018 https://elespacioindependiente.wordpress.com/:f:info.espacio.independiente

 

Andalucía: el giro político de las elecciones y las reclamaciones democráticas y soberanas

Consulta popular para que el pueblo decida

 

Las elecciones, convocadas de forma anticipada en Andalucía, como maniobra del sector situado más a la derecha del PSOE, han terminado abriendo una nueva crisis política y territorial. Esta vez, en el frente sur, y viene a sumarse a la quiebra del Estado de las autonomías, que ha supuesto desde hace años el desarrollo político contradictorio del proceso catalán. Estas elecciones han reflejado de manera deformada, en primer término, la grave situación por la que pasa el sistema de partidos clientelares, como defensores a ultranza de la razón de Estado del régimen del 78 y que, por sus mismos intereses corruptos, se aferran al continuismo monárquico. Y, de otra parte, ponen de manifiesto las consecuencias de las políticas de ajuste del euro y de la PAC (Política Agraria Común) de la UE, que afecta a los principales sectores productivos.

A los cuarenta años de la Constitución del 78, cuando se preparan los fastos oficiales, las relaciones políticas entre los partidos que pretenden preservar el consenso, y el creciente déficit de representación y legitimidad de todos ellos en relación con las verdaderas demandas obreras y populares, plantean a las claras la inadecuación de las leyes y de las instituciones. Es preciso un verdadero giro político que implica el libre ejercicio del derecho a decidir como resumen de todas las demandas.

Los resultados de las elecciones autonómicas han puesto de manifiesto que entre el PSOE y Andalucía Adelante, por la izquierda, y el PP, por la derecha, han pedido el monto de 1.000.000 de votos, de los que 700.000 se pierden por la izquierda oficial y 300.000 por la derecha oficial. Ciudadanos y VOX recogen parte de esos votos perdidos por los partidos fundamentales, en medio de un movimiento de rechazo político, que ha cristalizado en una abstención histórica del electorado de más del 40%. Lo cual refleja un divorcio profundo y creciente entre la población y los partidos oficiales, y entre la mayoría de la población y el cuadro político e institucional del régimen.

Susana Díaz. la presidenta españolista heredera del “felipismo”, ha quedado políticamente al descubierto ante sus propios votantes, y ahora en una operación a la desesperada trata de seguir al frente de la Junta en las peores condiciones políticas y de representación, después de cuarenta años de clientelismo y corrupción. Desde la Moncloa se aprovecha el momento político, y se decide poner a prueba la resistencia de la ex presidenta, ofreciéndole cínicamente todo su apoyo para que intente ser de nuevo “presidenta” (sic), al tiempo que se “reclama al PSOE andaluz la necesaria reflexión y regeneración”. Las derechas del PP, de Ciudadanos y Vox, que tienen en sus manos la mayoría absoluta en la cámara -gracias a las prolongadas políticas de derecha puestas en boga por los gobiernos de la izquierda oficial-, negocian entre ellos cómo repartirse la Junta de Andalucía mediante un gobierno supuestamente alternativo.

La crisis del Estado de las Autonomías, en medio de la recesión económica internacional no resuelta, arrastra a la quiebra a los partidos oficiales: como está sucediendo con el PP y el PSOE. En el seno del PSOE, en estos momentos, hay al menos hay dos partidos y dos políticas contradictorias que no podrán convivir por mucho tiempo en el mismo espacio. De una parte, el PSOE de Sánchez, sostenido en sus principales políticas por Podemos, plantea políticas que no responden a las demandas sociales y democráticas de la mayoría, y que además no consiguen el respaldo incondicional que se demanda de los partidos independentistas (como se pretende). Y, de otra parte, está el PSOE de Susana Díaz, que hace bloque político con todos los que demandan de inmediato la disolución de la autonomía catalana a través del 155, y la misma convocatoria de elecciones generales.

Sánchez y su gobierno, sin planes ni políticas propias, metido en el carrusel de relaciones internacionales de sometimiento a los planes de los EEUU, maniobra internamente ante el golpe que ha recibido a través de las elecciones de Andalucía, abriendo la puerta de salida a Susana Díaz y a su clan, a la que dan por totalmente amortizada. Trata de perder tiempo con un gobierno instalado en las mieles de la Moncloa, para lo que anuncia a bombo y platillo que en enero presentará los Presupuestos 2019, que son en esencia los pactados por el gobierno de Rajoy bajo el control de la Troika. Advierte, de paso, que “el Gobierno tendrá que replantearse muchas cosas”: mensaje dirigido a los que en su día le ayudaron a desalojar a Rajoy del gobierno y que hoy se resisten, por unos u otros motivos, a apoyar sus cuentas. La amenaza de elecciones generales desde la Moncloa es un chantaje contra las movilizaciones sociales y políticas que exigen del gobierno y de la mayoría actual en Cortes políticas sociales y democráticas inmediatas.

Susana Díaz, la todopoderosa presidenta de la Junta, acusa a Sánchez y su gobierno de ser el responsable de sus retrocesos electorales, por el apoyo que éste presta a los independentistas catalanes. Pero los líderes del proceso catalán siguen en la cárcel, cuando se demanda su libertad como punto de partida de todo posible acuerdo. Desde la Junta de Andalucía se ha participado activamente en el fomento de la “catalanofobia”, que ha venido a inflar el globo patriotero de la reacción españolista, empujando a la implantación de nuevo del 155 y de la represión contra los que cuestionan el entramado institucional y constitucional. Acusaciones políticas contra Sánchez que, como la de “golpista” y estar al frente de un “gobierno ilegitimo”, o de ser “aliado de los terroristas” …, escuchamos por boca de los portavoces del PP.

La criminalización del emigrante y de la mujer, de la juventud y de los trabajadores, y la defensa a todo precio de los privilegios de la Monarquía, se han convertido en el eje común de las expresiones políticas de la derecha, que entre ellas tienen mayoría absoluta para gobernar en Andalucía.

El límite del constitucionalismo, enarbolado por los dirigentes del PSOE de Andalucía como supuesto rechazo a las derechas, se levanta realmente como barrera contra las reivindicaciones y aspiraciones sociales. Y ello, mientras se niegan a dar respuesta cabal de los ERE y de las mil corruptelas acumuladas por 40 años continuados de gobiernos clientelares; cuando la demanda general de subida de los salarios y las pensiones se sitúan en primer plano de la actualidad política, conjuntamente con la defensa de los derechos sociales y laborales conculcados.

Los graves problemas sociales y políticos de Andalucía, la Comunidad más poblada de España (con más paro y precariedad, con más latifundio y falta de industria, con menos renta; donde los servicios sociales han sufrido graves recortes), se combinan al más alto nivel, en medio de la crisis política y de dominación del régimen de la Monarquía, con un movimiento general de trabajadores y pueblos que buscan una salida soberana a través de una alianza política de trabajadores y pueblos.

A menos de seis meses de las elecciones municipales, autonómicas y europeas del próximo 26 de mayo, dos grandes frentes territoriales se han abierto de arriba abajo: el de Cataluña y Andalucía. En formas diversas, reclaman su derecho a decidir, a conquistar la soberanía popular, poniendo patas arriba la España de las autonomías.

Las respuestas a la crisis autonómica andaluza se combinan con las que ya se esgrimen a escala de Estado y que pasan por el ejercicio político del derecho a decidir de los pueblos.

Las propuestas políticas concretas que demandan los trabajadores, los campesinos y el pueblo de Andalucía para ejercer como pueblo libre de opresión y explotación, no caben en los planes de austeridad y miseria de los Presupuestos controlados por la burocracia de Bruselas, ni en la Constitución otorgada que se pone al servicio del pago de la Deuda a los especuladores.

Se abre, por tanto, un proceso de crisis de dominación política en Andalucía, que pone en cuestión las instituciones protegidas por la Constitución y el mismo Estatuto de Autonomía, que impide el verdadero autogobierno y la expropiación del latifundio.

Todos los problemas sociales, económicos y políticos no resueltos deben ponerse sobre el tapete de la reorganización política y sindical en ruptura con el clientelismo y la corrupción.

Una fuerza democrática, andalucista, socialista y republicana debe reagruparse para ayudar a la mayoría a enfrentarse a las políticas monárquicas y reaccionarias.

Anuncios