Los derechos de la mujer no se venden

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Espacioindependiente  nº 193,   jueves 9 de marzo, 2017

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¡Paso a las mujeres trabajadoras y a la juventud!

Los derechos de la mujer no se venden

Los derechos se defienden

 

El 8 de marzo se ha convocado a la movilización internacional contra la explotación femenina y el feminicidio, por la igualdad de derechos con el hombre, realizándose todo tipo de actos y manifestaciones, con un paro de media hora en las actividades en nuestro país.

En 57 países se secundó la convocatoria del DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER TRABAJADORA. El día 8 de marzo, repetimos, se celebra el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, aunque los medios de comunicación y algunas ONGs prefieren eliminar en sus misivas lo de trabajadora, que es una calificación sustancial para entender la situación. Condición de clase, explotada y oprimida de la sociedad, de la inmensa mayoría de mujeres que tiene una gran importancia, porque son precisamente las mujeres de la clase obrera las que sufren las peores condiciones de vida y de trabajo, y las peores situaciones de violencia en todas partes: ¡No es una casualidad, es una causalidad!

Nuestro país es un buen ejemplo de legalidad que propicia la sobrexplotación, desigualdad, precariedad y discriminación de las mujeres trabajadoras. Y sobre esta base política y social se multiplica la violencia y el asesinato contra la mujer y, en algunos casos, de los mismos hijos.

La historia de la lucha por los derechos de las trabajadoras está ligada a su conquista del derecho al voto, como sucedió en los inicios de las Cortes de la Segunda República. Las promotoras de la conquista histórica para toda la sociedad fueron las tres mujeres diputadas de las Cortes Constituyentes de 1931, encabezadas por Clara Campoamor.

Las condiciones de vida y trabajo de las mujeres trabajadoras no han hecho sino empeorar al calor de la crisis económica y social, y la violencia contra ellas ha crecido con la miseria social, con los feminicidios. Lo que a los manifestantes de ayer les llevaba a gritar: ¡Ni una menos!

Han sido las mujeres norteamericanas las primeras que han salido a las calles para oponerse frontalmente a las políticas reaccionarias de Trump y su gobierno.

Los salarios y pensiones de los trabajadores se han devaluado con la crisis y han perdido internacionalmente valor de compra, en particular en España. Más aún han perdido las trabajadoras y las jubiladas. Los salarios de las trabajadoras son los peores y sus condiciones de trabajo las más precarias, el paro y la discrimanción las acompaña de por vida.

Los hechos no mienten. Hablar de mujer trabajadora es hablar de sobreexplotación y precariedad; por eso hay quien prefiere negar la condición de clase de las trabajadoras para reducir la situación a una cuestión de género. Si hay un grave problema de desigualdad entre hombre y mujer que se refleja en las leyes, en la educación, en los mismos hábitos de vida y en muchas de las sentencias judiciales, es porque hay un trasfondo de sobreexplotación que se quiere ocultar a todo precio. Los problemas de género, que los hay y muy graves, no pueden servir al despropósito político que trata por todos los medios de ocultar los problemas de clase.

La brecha salarial que cristaliza la desigualdad hombre-mujer oscila entre un 20/% y un 30% de los sueldos y remuneraciones. Esta brecha no afecta a Cristina de Borbón ni a la Sra. Botín, presidenta del mayor de bancos de Europa. Millones de mujeres trabajadoras perciben salarios por debajo del salario mínimo interprofesional. La pobreza y la precariedad en nuestra sociedad tienen mayoritariamente rostro de mujer. Las pensiones más bajas son las de las mujeres pensionistas y jubiladas.

La demanda de una Ley que acabe con la desigualdad entre hombres y mujeres es una bandera de lucha sindical, democrática y política para toda la clase trabajadora y sus organizaciones, sindicatos y partidos.

Nada tiene que ver la demanda democrática y social de una ley de igualdad con un “Pacto de Estado” como el que se quiere establecer con el acuerdo promovido por el PP y el PSOE que, a condición de subvencionar las ONGs de mujeres, trata de negar las reivindicaciones que se demandan. Con la movilización y la reorganización se lucha por transformar estas demandas en una verdadera ley de igualdad.

El Estado debe asegurar las condiciones de protección de las víctimas de la violencia machista, tanto de ellas como de los niños, estableciendo políticas de prevención y protección, con inversiones sociales que chocan con la miseria presupuestaria que nos impone el Gobierno y la Troika.

Ayer fueron las mujeres, y hoy serán los jóvenes estudiantes los que tomen el testigo de la huelga y de la movilización contra el gobierno corrupto y el régimen de la monarquía. Además, hoy celebramos con entusiasmo la puesta en libertad del joven Nahuel, injustamente encarcelado por mor de una ley que confunde interesadamente libertad de expresión con terrorismo.